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¿Es posible perder GRASA LOCALIZADA?

Publicado el domingo, 14 de febrero de 2021

Dentro del ambiente de los gimnasios, centros de acondicionamiento físico y entrenadores personales, siempre ha existido la creencia por clientes (y algunos entrenadores) de la posibilidad de generar una pérdida de grasa localizada.

Muchos tienen el pensamiento de que, si entreno una zona aislada y es posible aumentar masa muscular ¿Por qué no es posible la disminución de adiposidad localizada?, para ello, elaboraremos un análisis para llegar a conclusiones. ¿Existe o no esta opción? Pues leamos a continuación

¿Qué es el tejido adiposo?

El tejido adiposo, o lo que nosotros conocemos como grasa, es un tejido conjuntivo especializado en el almacenamiento de lípidos. Se puede considerar como un tejido conectivo ya que su origen embrionario son las células mesenquimáticas derivadas del mesodermo, las cuales dan también lugar al resto de tejidos conectivos.

La grasa es un buen almacén de energía puesto que tiene aproximadamente el doble de densidad calórica que los carbohidratos o las proteínas. Estos almacenes se emplean para proporcionar moléculas energéticas a otros tejidos o para generar directamente calor. Los adipocitos se agrupan estrechamente y en gran número para formar el tejidos adiposo. Tras el tejido adiposo, el hígado es la segunda estructura que más lípidos almacena en gotas de lípidos.

El tejido adiposo no sólo almacena energía, sino que también controla el metabolismo corporal a través de la liberación de hormonas, citocinas, proteínas, lípidos específicos, entre otros. Hasta la mitad del siglo XX se pensaba que el tejido adiposo era metabólicamente inerte, y por ello no atrajo mayor interés.

Tipos de tejido adiposo.

Muchas veces llegamos a pensar que solo poseemos un tejido adiposo general en todo el cuerpo, sin embargo, es una idea errónea. Para considerarnos capaces de poder inducir a la pérdida de grasa a una persona, debemos conocer que existen 2 tipos principales de tejido adiposo: El tejido adiposo blanco y el tejido adiposo pardo.

El tejido adiposo blanco o unilocular que forma la grasa blanca el tejido graso predominante. Las células que forman este tejido, los adipocitos, son células redondeadas muy grandes, de más de 100 µm de diámetro, que poseen una sola y gran gota de grasa, la cual ocupa prácticamente todo el citoplasma, de ahí el nombre de unilocular. Tanto el núcleo como el resto de los componentes citoplasmáticos ocupan un fino espacio periférico, próximo a la membrana plasmática.

El tejido adiposo unilocular se localiza en diferentes regiones del cuerpo de los mamíferos y sobre todo en dos regiones: la subcutánea y la visceral. Además hay depósitos dermales y en la médula ósea. En humanos existen zonas de alta acumulación de adipocitos que suelen tener diferentes localizaciones en hombres y en mujeres.

Parece además que los diferentes depósitos de grasa en el cuerpo tienen diferentes funciones. Hay evidencias que sugieren que es la distribución de la grasa blanca más que su cantidad general lo que indica el riesgo de patologías metabólicas. Por ejemplo, la acumulación de grasa en los depósitos viscerales y subcutáneos abdominales confieren un alto riesgo de diabetes tipo II y enfermedad cardiovascular.

Por su parte, la grasa parda está formada por adipocitos maduros que contienen, no una, sino numerosas gotas de lípidos. Así, las imágenes de microscopía óptica muestran estas células con numerosos huecos, debido a que durante el procesamiento histológico estándar se eliminan las sustancias grasas. Por ello también se llaman adipocitos multiloculares.

Los adipocitos multiloculares son más pequeños que los uniloculares y su núcleo no suele estar aplanado sino redondeado y situado en cualquier parte del citoplasma. El color pardo de este tipo de grasa en fresco es debido a la presencia de multitud de mitocondrias en su citoplasma, las cuales contienen una gran cantidad de citocromo oxidasa. También ayuda al color su alta vascularización. En humanos se encuentra en regiones dispersas que se pueden agrupar en dos:

Viscerales: perivasculares (arterias aorta, carótidas, braquicefálicas, coronarias epicardiales, venas cardiacas, arteria mamilar interna, arterias y venas intercostales), en torno a órganos huecos (corazón, tráquea, bronquios mayores, mesocolon, omentum principal) y en torno a órganos sólidos (tórax paravertebral, páncreas, riñón, hígado, hilio del bazo).

Subcutánea: músculos anteriores del cuello, fosa supracavicular, bajo las clavículas, axila, pared abdominal anterior, fosa inguinal.

El tejido de grasa parda está dividido en lóbulos y lobulillos separados por tejido conectivo por el que viajan numerosos vasos sanguíneos, mucho más abundantes que en el adiposo blanco. Está inervado por el sistema simpático que tras la liberación de noradrenalina produce la estimulación que hace que los adipocitos pardos degraden lípidos y generen calor. Estas fibras nerviosas terminan sobre las propias células adiposas.

El tejido adiposo en general está compuesto por muchas células, constituyen del 80-90% del volumen total del tejido, pero solo el 60-70% del número de células. El tejido adiposo está altamente vascularizado, por lo menos un capilar toma contacto con cada adipocito. El flujo sanguíneo en el tejido adiposo subcutáneo es de 3 a 4 ml x 100gr x min. En general este valor es mayor a los valores para el músculo esquelético en reposo (1.5 ml x 100gr x min). Esto explica que el adipocito tiene un metabolismo importante y no es solo un depósito de energía como se lo consideraba hace algunos años.

En sujetos delgados el tejido adiposo contiene 18% de agua, 80% de triglicéridos y 2% de proteínas aproximadamente. Sin embargo, en sujetos obesos el contenido graso aumenta y disminuye proporcionalmente el contenido acuoso.

El tamaño de la célula del tejido adiposo puede diferir de acuerdo con su localización, y esto también es dependiente del sujeto en cuestión, por lo que es interesante ya que nos llevaría a la hipótesis del por qué algunos sujetos tienen pérdidas más rápidas de tejido adiposos en algunas regiones que otros.

Sin embargo, el diámetro de las células grasas no difiere mucho entre sujetos normales y obesos. Por ello se acepta en la actualidad de que la obesidad es un problema de cantidad de células (hiperplasia) y no de tamaño solamente. Björntorp en 1971 estableció que la obesidad puede ser por hipertrofia o hiperplasia de los adipocitos.

Entonces ¿Ese tejido adiposo puede reducir de forma localizada?

Según McArdle, el ejercicio regular y prolongado no se acompaña de una reducción de grasa localizada. En un experimento donde se tomaron biopsias en el glúteo, debajo de la escápula y el abdomen, antes y después de 27 días de ejercicios abdominales; se encontró que los adipocitos de la zona abdominal no se redujeron más que en las otras regiones menos ejercitadas. Dicha situación tampoco acelera con el uso de geles, cremas o fajas para la reducción localizada de tejido adiposo, por lo contrario, el uso de fajas puede tener un efecto inhibitorio de la respiración diafragmática, reduciendo la capacidad pulmonar, también, lleva a afección en la circulación local generando problemas digestivos, genera desplazamiento de vísceras y lesiones irreversibles, en pocas palabras, remueve todo menos la grasa.

También, analizando suplementos “quemadores” de grasa, una revisión sistemática desde agosto de 2018 hasta enero de 2019 utilizando 21 estudios para el metanálisis. Como resultado, no hay beneficio. La comparación con el ejercicio, o la combinación de dieta y ejercicio, indica que las respuestas inducidas por los suplementos para bajar de peso fueron menos efectivas que las que se obtienen al utilizar el ejercicio, o la dieta y el ejercicio, sin suplementos adicionales para bajar de peso.

Analizando mayor evidencia, encontramos información relacionada a la posibilidad de pérdida de grasa localizada, reuniendo a 7 hombres y 4 mujeres jóvenes, que realizaron entre 960 a 1200 repeticiones del press de pierna con su extremidad no dominante por sesión, 3 veces por semana, por 12 semanas. Llama la atención que, si bien, el método produjo un gran gasto calórico suficiente para un balance energético negativo, no se generaron cambios en la grasa entre la pierna ejercitada y la contralateral, sin embargo, se observó una mayor reducción de grasa en tronco y brazos, sin alterar el porcentaje de grasa a nivel de cuerpo entero, datos que nos llevan a concluir que, si bien existen diferencias en la masa muscular, no existen en la grasa localizada.

Si bien existe un estudio que relaciona la pérdida de tejido adiposo localizado, hay que analizar más a fondo las conclusiones de este con respecto a las metodologías utilizadas. Por ejemplo, el tamaño de la muestra es de 16 personas principiantes, las cuales realizan un programa de entrenamiento de 8 semanas, divididos en 2 grupos. En un grupo, las sesiones de entrenamiento consistieron en ejercicios de resistencia de la parte superior del cuerpo seguidos de 30 minutos en bicicleta al 50% del VO2máx, mientras que el otro grupo realizó ejercicios de resistencia de la parte inferior del cuerpo seguidos de 30 minutos en un ergómetro de brazo. Un dato en la metodología del estudio fue que no existió un control nutricional, ya que solamente solicitaron a las personas seguir con su ingesta normal. Sorprendentemente, las conclusiones del estudio indican una pérdida mayor en el grupo 1 en extremidad superior y en el grupo 2 en extremidad inferior, las diferencias son poco significativas al existir reducción similar en ambos grupos. No podemos llegar a conclusiones tan precipitadas, ya que dentro de las limitaciones existentes dadas por el mismo diseño del estudio no nos indica si tal pérdida se le atribuye al entrenamiento de fuerza de alta intensidad o a la programación propia de la metodología utilizada, ya que la región trabajada primero obtiene el mayor efecto. Como dato adicional, el gasto energético según la zona a utilizar difiere por la cantidad de musculatura reclutada.

Si bien, hay algunos estudios, la metodología de estos, no nos permite afirmar que exista una reducción de adiposidad localizada. Aún existe muchísimo por aprender.

Por: cMSC. Edgar Alonso Gómez Solano

Fisioterapeuta Especialista en Entrenamiento Físico

Bibliografía:

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